Posibles causas
- Comer deprisa y tragar aire – comer con estrés, hablar mientras se come, bebidas con gas y chicles.
- Alimentos fermentables – legumbres, cebolla, ajo, algunas frutas, edulcorantes como el sorbitol (los llamados FODMAP).
- Intolerancia a la lactosa – tras tomar lácteos aparecen hinchazón, gases o diarrea.
- Síndrome del intestino irritable – un intestino sensible reacciona con más intensidad a la comida y al estrés.
- Estreñimiento – un tránsito lento aumenta la sensación de plenitud y presión.
- Otras causas – celiaquía, sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado o cambios hormonales antes de la menstruación.
Qué conviene revisar
- Diario de comidas y síntomas – anote durante 2–3 semanas lo que come, cuándo aparece la hinchazón y sus deposiciones.
- Hemograma, ferritina y B12 – una carencia puede indicar una mala absorción, por ejemplo en la celiaquía.
- Anticuerpos de celiaquía – si tiene diarrea, anemia o antecedentes familiares de celiaquía, antes de retirar el gluten.
- TSH y PCR – una tiroides poco activa ralentiza la digestión; la PCR indica inflamación.
Qué ayuda
- Comer despacio – masticar bien, dedicar 15–20 minutos a cada comida, sin pantallas.
- Raciones más pequeñas – mejor tres o cuatro comidas moderadas que una muy abundante.
- Aumentar la fibra poco a poco – un aumento brusco produce más gases; el cuerpo necesita tiempo.
- Reducir temporalmente los FODMAP – idealmente con un profesional de la nutrición y con una reintroducción gradual.
- Movimiento y calma – un paseo después de comer y la respiración lenta ayudan al intestino a funcionar.
Cuándo acudir al médico
Acuda al médico si tiene sangre en las heces, heces negras, pérdida de peso sin explicación, vómitos repetidos, dificultad para tragar, dolor abdominal intenso, fiebre, anemia o si los síntomas han aparecido por primera vez después de los 50 años.