Posibles causas
- Ingesta subestimada – salsas, aceites, bebidas y fines de semana pueden compensar fácilmente el déficit.
- Adaptación metabólica – con un peso menor y tras un déficit prolongado, el cuerpo gasta menos energía y uno se mueve menos sin darse cuenta.
- Retención de líquidos – el estrés, una dieta salada, el ciclo menstrual o un nuevo entrenamiento pueden ocultar la pérdida de grasa.
- Pérdida de músculo – poca proteína y la ausencia de entrenamiento de fuerza reducen el gasto energético.
- Falta de sueño y estrés – aumentan el hambre e influyen en la gestión de la energía.
- Hormonas y medicamentos – una tiroides hipoactiva, la resistencia a la insulina o algunos medicamentos.
Qué conviene revisar
- TSH, T4 libre, T3 libre – si además tiene cansancio, sensibilidad al frío y estreñimiento.
- Glucosa e insulina en ayunas – para estimar la resistencia a la insulina.
- Perímetro de cintura y fotos – mejores indicadores del progreso que la báscula por sí sola.
- Peso medio semanal – las fluctuaciones diarias son normales; lo que cuenta es la tendencia.
Qué ayuda
- Registro preciso durante 2 semanas – incluidas bebidas y fines de semana, pesando los alimentos.
- Proteína en cada comida – aproximadamente 1,6–2 g por kg de peso objetivo al día es un rango comúnmente recomendado al adelgazar con entrenamiento de fuerza.
- Entrenamiento de fuerza 2–3 veces por semana – protege el músculo y mejora la composición corporal.
- Más movimiento cotidiano – los pasos a lo largo del día tienen un gran efecto en el gasto energético.
- Una pausa en la dieta – 1–2 semanas con una ingesta de mantenimiento pueden aliviar el cansancio y el hambre.
Cuándo acudir al médico
Acuda al médico si gana peso a pesar del déficit, tiene hinchazón, un cansancio marcado, sensibilidad al frío, caída del cabello, un ciclo irregular o si toma medicamentos que puedan influir en el peso.