Posibles causas
- Resistencia a la insulina – el cuerpo almacena el exceso de energía preferentemente en la zona abdominal y en el hígado.
- Estrés crónico – un cortisol elevado de forma prolongada favorece la acumulación de grasa alrededor de la cintura.
- Falta de sueño – empeora la sensibilidad a la insulina y aumenta los antojos.
- Alcohol – contribuye con frecuencia a la grasa abdominal y al hígado graso.
- Poco músculo – una masa muscular baja significa menos capacidad para procesar la glucosa.
- Hormonas – el descenso de la testosterona en los hombres y de los estrógenos en la perimenopausia desplaza la grasa hacia el abdomen.
Qué conviene revisar
- Perímetro de cintura – una medición sencilla pero reveladora; contrólela aunque su peso sea estable.
- Glucosa, insulina, HbA1c – indicadores de la sensibilidad a la insulina.
- Triglicéridos y HDL – unos triglicéridos altos y un HDL bajo suelen asociarse con la grasa visceral.
- PCR, cortisol y testosterona – según los síntomas: inflamación, estrés, estado hormonal.
Qué ayuda
- Entrenamiento de fuerza – desarrollar músculo mejora el procesamiento de la glucosa más que el cardio por sí solo.
- Movimiento después de comer – un paseo corto después de cada comida principal.
- Menos alcohol y bebidas azucaradas – influyen directamente en el hígado y en la grasa abdominal.
- Alimentación – proteínas, verduras, legumbres, alimentos poco procesados; menos ultraprocesados.
- Sueño y estrés – 7–9 horas de sueño y momentos de calma cada día forman parte de la solución.
Cuándo acudir al médico
Acuda al médico si el abdomen aumenta de tamaño rápidamente, está duro o le duele, aparecen estrías de color violáceo, tiene la tensión alta, valores de glucosa elevados o si se suman un cansancio marcado y debilidad muscular.