Posibles causas
- Poca comida durante el día – saltarse el desayuno o una comida escasa llevan a recuperar energía por la noche.
- Falta de proteína y fibra – las comidas sin ellas no sacian durante mucho tiempo.
- Falta de sueño – aumenta la grelina, la hormona del hambre, y reduce la leptina, la hormona de la saciedad.
- Estrés y cansancio – el cortisol y el agotamiento aumentan el deseo de una recompensa rápida.
- Hábito y dopamina – el dulce delante de una serie se convierte en un ritual aprendido.
- Oscilaciones de la glucosa – los alimentos dulces durante el día provocan más antojos.
Qué conviene revisar
- Glucosa e insulina en ayunas – ayudan a detectar la resistencia a la insulina.
- HbA1c – el nivel medio de azúcar en sangre de los últimos meses.
- Diario de comidas y estado de ánimo – anote cuándo aparecen los antojos y qué ocurrió antes.
- Magnesio – su déficit se asocia con el cansancio; sin embargo, las ganas de chocolate no tienen por qué indicar un déficit.
Qué ayuda
- Un desayuno y una comida abundantes – con 25–40 g de proteína, verduras y grasas saludables.
- Una pequeña recompensa planificada – un trozo de chocolate negro después de la cena en lugar de picar sin control.
- Un nuevo ritual nocturno – una infusión, un paseo, lavarse los dientes justo después de cenar.
- No compre reservas – lo que no hay en casa no se come por la noche.
- Sueño y manejo del estrés – acostarse antes suele reducir los antojos más que la fuerza de voluntad.
Cuándo acudir al médico
Acuda al médico si las ganas de dulce se acompañan de una sed intensa, ganas frecuentes de orinar, pérdida de peso sin causa aparente, temblores y sudoración cuando tiene hambre, o atracones que no logra controlar.